NUEVO ÍDOLO EN LOS ALTARES
Por Tania Quintero

No se conoce todavía su contraparte en el panteón yoruba. Mas ello no ha impedido que muchos cubanos hayan decidido incluir a San Judas Tadeo, patrón de casos imposibles, entre sus santos preferidos.


En la santería, Olofi es San Norberto y es muy venerado por ser patrón de casos vinculados con la justicia y la ley. Pero todo parece indicar que San Judas Tadeo, si no lo ha desplazado ya, pueda llegar a hacerlo: es considerado abogado de casos desesperados y difíciles de resolver y protector contra la calumnia.

Y si de algo Cuba está llena es de personas desesperadas, repletas de problemas personales, hogareños, laborales y judiciales. Personas ansiosas por obtener algo considerado imposible: irse del país, salir absuelto en un juicio o quitarse de encima a una persona malvada.

El 28 de octubre, una vez más, la pequeña iglesia ubicada en el cuchillo formado por las calles San Nicolás, Rayo, Tenerife y Holguín, en el barrio de Los Sitios, fue testigo de como cada año ha ido aumentando el culto a San Judas Tadeo, santo cuyo cuerpo permanece en la Basílica de San Pedro, en Roma. El 22 de septiembre de 1548 el Papa Paul II concedió indulgencia plenaria a todos los que visiten su tumba el 28 de octubre, declarado día de su onomástico.

Si la Europa del siglo XVI, en plena Edad Media, marca el inicio de la devoción hacia San Judas Tadeo (a veces su nombre es confundido con el de Judas Iscariote, El Traidor) y la leyenda de sus milagros comenzó a extenderse por el mundo por esa época, no es hasta la década de los 90, en el siglo XX, que en la Isla cobra fuerza la fe en el poder divino del hijo de Cleofá y de María, pariente cercana de la Virgen.

Todos los meses, los días 28, se ha vuelto costumbre visitar la Iglesia de San Judas, como la llaman los habaneros. Ese día siempre hay en las afueras vendedoras de velas, flores y estampillas, pero nunca como los 28 de octubre, fecha que en Cuba coincide con la tradición creada por la revolución de echarle flores al mar a Camilo Cienfuegos, comandante guerrillero misteriosamente desaparecido el 28 de octubre de 1959.

De modo que quien recorra esa zona de Centro Habana ese día verá a decenas de personas desde las calles Monte, Reina y Belascoaín, bajando en busca del santuario local de San Judas Tadeo, y también verá a grupos de escolares con sus maestros caminando en dirección al Malecón, a tirar flores a Camilo.

Según vecinos, cada año ha ido aumentando el número de cubanos de todas las razas y estratos sociales que acuden a pagar promesas o a hacerle peticiones al santo milagrero. Como sólo asistí una vez, en 2003, no puedo comparar, pero sí afirmar que fueron miles las personas que acudieron a una de las iglesias más modestas de la capital. La afluencia de público comenzó a las seis de la mañana y se prolongó hasta pasadas las diez de la noche, cuando concluyó la última misa.

El sincretismo del que tanto escribiera el etnólogo cubano Fernando Ortiz se apreciaba a simple vista: muchos iban vestidos de blanco (Iyabo) y orgullosos exhibían sus collares amarillos, azules, blancos, rojos, verdes, negros, de acuerdo a los colores de sus deidades (Ochún, Yemayá, Obatalá, Changó, Orula, Ogún).

También era visible el sincretismo en las decenas de mesas colocadas por particulares en los alrededores. Junto a estampitas y cuadritos con las imágenes de San Judas Tadeo, San Lázaro y San Cristobal, santo-patrón de La Habana, se podían ver pomos de miel de abejas, cascarilla, maíz tostado, polvo de jutía ahumada, oraciones, horóscopos, almanaques, llaveros contra el mal de ojo y folletos sobre la ciencia del tarot y el arte de tirar las cartas.

Mientras dentro de la iglesia el padre daba su misa, afuera cientos aguardaban para entrar y dar gracias a San Judas Tadeo. En la multitud no faltaban vendedores de periódicos, jabas de nailon, pasteles de guayaba, pan con jamón, refresco instantáneo y café.
Tampoco estuvieron ausentes pordioseros y beatas pasando el cepillo, con cestas repletas de monedas y de billetes de 10 y 20 pesos y hasta dolares; jineteras con sus “yumas” y empleados y funcionarios estatales, quienes sin ningún prejuicio acudieron a rendir tributo al nuevo ídolo de los cubanos.

1 comentario:

  1. Perdon, solo soy un aficionado a la religion, pero Olofi no era Dios en el panteon Yoruba?

    Saludos

    W.

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