martes, 25 de marzo de 2008

A Flor de piel


Pese a que fue exhibido una sola vez -a sala llena- la cinta obtuvo mención del jurado. Fuera de Cuba es donde más se conoce y si ha tenido “difusión” dentro de la isla ha sido gracias a copias piratas
“Rolando ha logrado una original película sobre La Habana actual, el período especial y la problemática racial desde la experiencia dura y angustiosa de la mujer negra en la Cuba castrista”, escribió el intelectual cubano Enrique Patterson en El Nuevo Herald.
En Si me comprendieras, artículo aparecido en la revista diocesana Espacios (No. 4/02), la periodista Lázara Castellanos pone el dedo en la llaga cuando dice: “En los ultimos años hemos visto crecer una preocupación en el orden social: hombres y mujeres están repensando sobre su lugar en la Cuba de hoy y se muestran inconformes. Se escuchan con frecuencia preguntas como ésta: ¿quién cuenta la historia y cómo lo hace? A pesar de los avances innegables, aún se proyecta la idea de que no se ha barrido del todo una estructura de prejuicios raciales que, aunque Fernando Ortiz la calificara como la menos intensa en América, repercute sobre lo que es hoy una mayoría étnica en nuestro país, pues la emigración de las últimas décadas afectó la composición racial”.
Desde hace más de cuarenta años una serie de problemas fueron clasificados como tabú en Cuba: el racionamiento alimentario decretado en 1962; el alto índice de abortos, divorcios y suicidios; la vida familiar de los dirigentes y el tópico negro, entre otros. Hasta que su volumen no fue alarmante, han estado engavetados o mantenidos en secreto realidades como la prostitución, el alcoholismo, la drogadicción, la malnutrición (que ha incidido directamente en el bajo crecimiento de niños y adolescentes), el retraso mental y anomalías congénitas relacionadas con causas que van desde incorrectos hábitos nutricionales hasta pésimas condiciones ambientales.
En La raza y los silencios de la cubanidad (revista Encuentro No. 20/01) el profesor Alejandro de la Fuente, de la Universidad de Pittsburg, Pennsylvania, Estados Unidos, plantea: “El discurso de Fidel Castro del 22 de marzo de 1959 fue crucial porque, al condenar el racismo, el líder de la revolución puso su enorme prestigio personal al servicio de los que luchaban contra la discriminación en Cuba. Más aún, el Primer Ministro llamó a un debate nacional sobre este asunto e invitó a periodistas, escritores e intelectuales a analizar las causas del racismo y sus medios”.

Más adelante, de la Fuente aclara: “El hecho concreto es que a partir de 1962, aproximadamente, el tema racial básicamente desapareció del debate público insular. Las autoridades cuando hablaban de la discriminación, lo hacían en tiempo pasado”.

Como tan acertadamente expusiera el profesor de Historia Latinoamericana y del Caribe en la prestigiosa universidad estadounidense: “Un problema resuelto no es problema... En consecuencia, las autoridades impusieron el silencio oficial sobre el asunto, convirtiéndolo en tabú”.

Antes de que Castro volviera a hablar públicamente del tema racial, el 7 de febrero, en un discurso leído durante la clausura del Congreso de Pedagogía 2003, los periodistas independientes hemos sido los que más hemos escrito y hablado acerca de la supervivencia de prejuicios raciales. Desde 1995 ésta ha sido temática constante en mis textos y en las numerosas entrevistas concedidas en ocho años.

El 7 de febrero de 2003, en el teatro Karl Marx, Fidel Castro dijo: “Se ha podido ver que los sectores de la población que viven todavía en barrios marginales de nuestras comunidades urbanas, y con menos conocimientos y cultura, son los que, cualquiera sea su origen étnico, nutren las filas de la gran mayoría de los jovenes presos”.
Anteriormente había dicho: “La Revolución, más allá de los derechos y garantías alcanzados para todos los ciudadanos de cualquier étnia y origen, no ha logrado el mismo éxito en la lucha por erradicar las diferencias en el estatus social y económico de la población negra del país, aún cuando en numerosas áreas de gran trascendencia, entre ellas la educación y la salud, desempeñan un importante papel”.

Castro no lo propuso esta vez, pero sería saludable que, de entre los muchos y profundos debates urgentes en la sociedad cubana contemporánea, se comience por éste. No es necesario ningún censo, a simple vista se ve: los cubanos mestizos y negros somos mayoría (más del 60 por ciento del total de la población). Y dentro de ellos vibra la energía de la mujer negra. No volvamos a quedarnos callados.
Desfase
El régimen que desde 1959 gobierna Cuba no solamente no ha sido capaz de romper los moldes maniqueistas, encasilladores, vigentes desde la primera mitad del siglo veinte, sino que ha demostrado incapacidad para tratar el de la mujer con amplitud y profundidad, como exigen los nuevos tiempos. Y dentro del contexto femenino, el acápite de la negritud.
Conceptos modernos sobre gobernabilidad, política, sociología, propaganda, medios de comunicación y psicología de masas, entre otros, no han sido asimilados -y si lo han sido, no han sido puestos en práctica por la jerarquía gobernante.

Y eso se hace sentir. Porque la odisea del Che, Mayo del 68 y el Muro de Berlín son asuntos del pasado. El hombre nuevo, evidentemente, habría que clonarlo. Y las generaciones recientes, sin libertad para salir y entrar libremente a su país, lo menos que quisieran es poder navegar sin restricciones por internet.

Más que falta de propósitos, hay inercia, desconocimiento, ignorancia. La razón fundamental, en mi criterio, radica en un mismo equipo durante más de cuarenta años al frente de los destinos del país. Personas que han envejecido en el poder y que a duras penas han desarrollado una nación que antes de 1959 en varios renglones económicos, políticos y sociales se ubicaba en lugares cimeros del continente americano.

La propia Federación de Mujeres Cubanas (FMC) es una organización estatal anquilosada. Aunque sus funcionarias participan en eventos internacionales y sus declaraciones se avienen con los últimos enfoques de género, en la concreta los discursos no cuadran con el día a día de las cubanas. Un diario vivir bastante precario y alejado de las tendencias modernas acerca de la mujer. La compleja gama de problemas que su condición presenta en Cuba es materia pendiente.

Desde su fundación el 23 de agosto de 1960, la FMC ha estado presidida por Vilma Espín, blanca, ingeniera de profesión y con un currículo guerrillero. Madre de cuatro hijos y esposa del número dos de la revolución, Raul Castro, la señora Espín, con el mayor de los respetos, es arquetipo del inmovilismo. Al parecer, nada dentro del movimiento femenino cubano -con una historia muy anterior al triunfo de los barbudos- se modificará hasta que cese su mandato. O hasta que el actual estado de cosas cambie.
Las cubanas y en especial las negras y mulatas, no se han quedado sentadas en el portal, dándose sillón. Poco a poco y con dificultad comenzaron a forjarse su destino, para bien o para mal.

No todas han logrado el éxito de la bailarina y modelo Luz María Collazo o de Regla Torres, electa la volibolista del siglo. O de la jugadora retirada Mireya Luis, integrante del Comité Olímpico Internacional.

Trovadoras septuagenarias colgaron el delantal, cogieron guitarra y micrófono, se tiñeron el pelo y se fueron por el mundo a cantar, ganándose honradamente los fulas (dólares) salvavidas. O con menos repercusión mas con igual mérito, como Julia Mirabal, del noticiero de televisión y Deisy Francis Mexidor, del periódico Juventud Rebelde, quienes dentro de las limitaciones del oficialismo han sacado la cara en un sector tradicionalmente copado por los blancos y que en Guillermo Portuondo Calá y Reinaldo Peñalver Moral tuvo dos de los pocos negros sobresalientes en el periodismo cubano. Fugaz fue el paso por la cinematografia nacional de la primera -y única- realizadora negra, Sara Gómez. Como Belkis Ayón, murió joven y en plena ebullición creadora. Hoy probablemente hubiera sido una avezada cineasta.

Mujeres desconocidas como Migdalia y Lourdes, hermanas, retintas, que un día marcharon a España y tomaron por asalto el País Vasco. Y allí se establecieron. Puede que algunos en el barrio las tilden de jineteras finas, pero yo que las conozco sé que son, como ahora se dice, un par de luchadoras. Que atrás decidieron dejar un suelo natal donde nunca pasa nada o no se sabe cuándo va a pasar. Y se arriesgaron, legalmente. Con ellas tienen a hijos y otros familiares. Un regreso a la semilla, a la inversa. Sin rencor hacia los que una vez nos colonizaron y fueron los principales culpables de la esclavitud en la Isla.

Mulatas, jineteras de verdad, quienes en el intento por salir del subdesarrollo encontraron la muerte. Es el caso de la Farah María del Palmar, en la barriada habanera de Marianao, asesinada en 1999 en Barcelona. O el riesgo contínuamente corrido por prostitutas, lesbianas y travestis cubanos, casi todos de color, desperdigados por Europa y otros confines. Esta nueva clase de compatriotas se localiza también en el archipielago de punta a cabo, haciendo lo posible e imposible por salir adelante.

No les importa que la gente diga que están viviendo de su cuerpo. Pero se niegan a sobrevivir como obreras por 200 pesos (8 dólares). Ni ser empleadas domésticas como sus madres, abuelas y bisabuelas. Jóvenes que detestan el rostro de cocinera negra, identificativo de la mayonesa Doña Delicias.

Por las noches es cuando más se ven. Salen a las calles a “buscarse el pan”. Porque si en La Habana la vida es dura, en el interior es peor. Y desde la caída del sol comienzan los preparativos para ponerse sexy. Algunas hasta llegan sofocadas de su empleo y sin pudor se transforman en “sandungueras por encima del nivel”, parodiando el estribillo de la canción de Los Van Van.
Las mulatas y negras cubanas han sido constante fuente de inspiración para compositores en distintas épocas. A ello ha contribuido el atractivo de la tez, sus ojos soñadores, su figura -por lo regular cintura estrecha, caderas anchas y gluteos sobresalientes- y el aura de sexualidad que las persigue desde que el primer barco negrero arribó a las costas de Cuba con un cargamento esclavo.

Un padre católico español, catalán por más señas, Antonio María Claret, quien llegó a ser obispo en Santiago de Cuba, fue precursor en la defensa de las mujeres negras, asediadas ferozmente por unos foráneos que en ellas descubrieron un placer desconocido. El padre Claret trató de influir sobre aquellos españoles ansiosos de sexo, pero no pudo impedir los embarazos que tales relaciones produjeron. Miles de mulaticos nacieron. En cierto modo, quedaba cuestionado el dicho “la necesidad hace parir mulatos”. Porque ¿cuántas de esas relaciones ocurrieron a la fuerza, por interés o por amor?

Son precisamente las actuales provincias orientales -Guantánamo, Santiago de Cuba, Holguín, Las Tunas y Granma- donde es más notorio el mestizaje de la nación cubana. Es allí también de donde han salido famosas canciones. En la isla entera se le cantó a las pretéridas negras y mulatas. La más emblemática de todas es Longina, de Manuel Corona.


Intérpretes de renombre universal tuvimos en Rita Montaner y María Teresa Vera. A la lista se suman las pianistas Zenaida Manfugás e Isolina Carrillo y la compositora Tania Castellanos, esposa del líder sindical Lázaro Peña, uno de los negros más notables del socialismo cubano. Han sido o son negras o mulatas las cantantes cubanas de mejores voces: Elena Burke, Moraima Secada, Omara Portuondo, La Lupe, Freddy, Xiomara Laugart, Argelia Fragoso, Haila, Vania, Osdalgia, Lucrecia, Merceditas Valdes, Olga Guillot, Paulina Alvarez, Caridad Hierrezuelo, Celeste Mendoza y, por supuesto, la azucarada Celia Cruz.

Si bien es cierto que el negro ha sido centro de chistes y burlas y de que al igual que el gallego permaneció siempre en sketchs y espectáculos humorísticos, actrices de esta coloración han sobresalido por su inigualable calidad: Candita Quintana, Elvira Cervera, Asenneh Rodríguez, Obelia Blanco e Irela Bravo, entre otras.

Todas las mulatas y negras que han brillado en la radio, cine, televisión y teatro, lo han hecho venciendo manifestaciones racistas ocultas o explícitas. Baste recordar que todavía hay quienes en la isla piensan que “a la mujer, como a la vaca, hay que buscarla por la raza”. ¡Cuántas de estas artistas no habrán escuchado aquello de que Fulano tiene el alma negra o de que Mengana es negra por fuera, pero blanca por dentro!

En la Cuba del nuevo milenio ha mantenido vigencia otro crudo refrán, con un notorio trasfondo mercantil y discriminatorio: “Los hijos de la negra, el dinero los blanquea”.

Y para que la prole no pase los sinsabores de bisabuelos, abuelos y padres, familias negras y mestizas con determinado desenvolvimiento económico si tienen que pagar una alta suma para que la hija o el hijo ocupe una plaza en la llamada “área dólar” (un hotel, una shoppings, un restaurante o una corporación) sin miramientos lo pagan.

Eso no significa que todos los negros que uno ve tras el mostrador de una tienda de Habaguanex, de lunchero en un Pain de Paris o de cajero en el diplomercado de 5ta. y 42, hayan llegado hasta allí por vía fraudulenta. A propósito, un chiste dice: ¿En qué se diferencia la caja negra de un avión de la caja negra en la tienda de 5ta. y 42? En que la caja del avión registra las causas de un accidente y la negra de la caja en 5ta. y 42 causa faltantes (se refiere a dinero o mercancías “misteriosamente” desaparecidas).

Una de las empresas donde más empleomanía de color se ve es en ETECSA, siglas de la empresa estatal de telecomunicaciones, perteneciente al Ministerio de Comunicaciones y la Informática y donde ya hubo un ministro negro, Silvino Colás, general proveniente de las fuerzas armadas.

Es verdad: después de la llegada al poder de Fidel Castro, en 1959, algunas cosas cambiaron para los negros y en especial para las mujeres de esa raza. Antes, el acceso a puestos valorizados, como telefonistas internacionales, aeromozas y empleadas bancarias, por mencionar sólo tres, estaban prácticamente vedados a las cubanas de oscura piel.

Pero tales conquistas son insuficientes para una población conformada por un 51 por ciento de mestizos, un 11 por ciento de negros, un 37 por ciento de blancos y un 1 por ciento de distintas etnias, principalmente asiáticas, según datos arrojados por el último Censo de Población y Viviendas, efectuado en septiembre de 2002. Tengo, el poema de Nicolás Guillen, sigue siendo una ficción.

En el artículo Y los negros, ¿dónde están?, escrito en julio de 2001, argumentaba: “No es que oficialmente exista discriminación, pero el hecho de que el centro del poder ha estado comandado por una misma élite blanca de procedencia pequeño burguesa -grupo tradicionalmente prejuicioso y prepotente- no ha dado margen para una integración real. Dentro de las filas de la revolución los pocos negros en puestos relevantes, sin excepción, vienen de abajo. Porque antes, como ahora, era muy raro encontrar a una familia acomodada de la raza negra”.

En ese mismo artículo expresaba: “En otros ambientes es innegable: los negros se han impuesto”. Y afirmaba que eran el Uno en los deportes y en la música popular. Pero me faltó añadir que en Cuba hay quienes se complacen en resaltar la veta folclórica, como si el tiempo no hubiera transcurrido desde que el primer cuadro de Landaluze nos inmortalizara en aquellas escenas habaneras.

El cine, la televisión, la literatura y la publicidad no han podido desprenderse, consciente o inconscientemente, del negrito criollo, ni de la jacarandosa negra o la mulata sensual, vecina de un solar, que camina contoneándose, se viste y peina llamativamente, es cómica -recordemos el personaje de Bombón en la telenovela cubana Si me pudieras querer- suele decir “malas palabras” y es devota de una deidad africana, si no santera ella misma.

No es el retrato sustancioso que Jorge Amado hizo de la bahiana, fuera puta o mae de santo, sino la traspolación de un cliché que, en muchos casos, se considera un “gancho” para vender. De ahí que para atraer turistas, si es preciso, se contrata y disfraza a mujeres negras con vestidos y collares de Oshún, Yemayá, Shangó, Obbatalá: tratando de lograr el “folclor”, el resultado es una caricatura.

Hacia fines de los 90, en los Festivales del Nuevo Cine Latinoamericano, anualmente celebrados en La Habana, antes de cada función el ICAIC proyectaba anuncios de las firmas patrocinadoras del evento. En el 2000 ese tipo de merchandising cesó, sin explicaciones. Pero se especuló que el motivo es la renuncia de la dirección de la revolución (en particular de su “máximo líder”) a aceptar ninguna clase de publicidad al estilo capitalista y, mucho menos, en las esferas culturales y deportivas, dos de las vitrinas propagandísticas del “inmaculado” sistema socialista cubano.

La prohibición de esos anuncios coincidió con un comentario de Ana María Radaelli difundido en Juventud Rebelde en diciembre de 1999. La periodista criticaba la relevancia que en dichos comerciales se le daba a modelos blancos, rubios y de ojos claros, y apenas se reflejaba el componente étnico distintivo de los cubanos.

A pesar de las décadas de “victoriosa revolución”, decir mujer, negra y pobre sigue siendo la última carta de la baraja. Sólo el esfuerzo y la voluntad de que se sea capaz, permitirá a esta cubana salir de la marginalidad y desbaratar esquemas -si la edad aún se lo permite, por supuesto.
Si esa mujer, además de negra y pobre, es fea, obesa -o no posee una despampanante figura- y, para rematar, es una cabecita de clavo (escasa de pelo o “pasa”), casi está obligada a convertirse en monja o machetera o hacerse judoca. Pero si encima de todas esas “desgracias” es lesbiana, ¡candela!

A partir de 1993, con la despenalización del dólar, en la sociedad cubana se enraizó un consumismo sui generis (yo lo calificaría de naif), donde es realzado el estereotipo de la belleza alba. Todas las muñecas vendidas en las shoppings, salvo contadas excepciones, son blancas, rubias, trigueñas o pelirrojas, pero blancas. Las de trapo, en contraste, son negras. Las muñecas mulatas suelen simbolizar a Oshún o Yemayá -La Caridad y Regla, vírgenes mestizas del santuario nacional.

Es que... así siempre ha sido. Las penúltimas de la cola. Y, encima, los estereotipos. A negras y mulatas tienen que gustarles los hombres. Tienen que ser femeninas y maternales. Para “hacer tortilla” (ser lesbiana), las blancas. Es el cartelito. Mas ha habido -y hay- negronas, machonas, tortilleronas, con biotipos parecidos a un estibador del puerto o un luchador de sumo. Con desparpajo de ellas dicen: “Zutana es un negrón”.

Es fácil imaginar cuán difícil les ha sido la vida en una sociedad que les exige lo contrario. Y por ello no es raro encontrarlas en las cárceles, con el uniforme de prisioneras o de guardianas. Me han contado de una que con tales características logró imponerse política y socialmente. Maestra de profesión, durante una etapa fue delegada del poder popular. En la actualidad se desempeña en el área dólar. Y tanto en su trabajo como en su comunidad goza de respeto y simpatía.

En el Partido Comunista de Cuba militan muchísimas mujeres mestizas y negras, pero ninguna de ellas ni soñar siquiera con un puesto no ya como el de Condoleezza Rice en Estados Unidos, sino de presidenta del parlamento o miembro del buró político. Y no porque estén menos preparadas que sus compañeros, sino porque son muchas las vallas que primero tienen que saltar y, despues, derribar. En dos ministerios ha habido dos mulatas, Nora Frómeta, en la industria ligera, y Bárbara Castillo, en comercio y gastronomía. Hasta el momento, el cargo de canciller esta reservado a hombres. Lo más blanco posible.

Conscientes de que la tenencia de un carné del partido o de la juventud comunista conlleva, como Elegguá, el don de “abrir caminos”, no se podría criticar a las representantes de la raza negra que, oportunistamente, se hacen “comunistas”. Es una de las tantas metas que una cubana, de cualquier color, debe proponerse si quiere escalar, en el mejor sentido de la palabra. Con todo, la senda de la “confiabilidad” política es más complicada y azarosa que la del sexo. Mas no todas están dispuestas a seguir acrescentando la afrenta de hembras calientes labrada por una sociedad machista y menospreciativa.

Desde tiempos de la colonia muchos blancos han sido atraídos por las negras. A esa preferencia ahora le dicen quemar petróleo. Petrolero es aquél a quien realmente lo que le satisface es el sexo con las prietas. A las negras y mestizas que desdeñan a los hombres de su raza las denominan piolas.

La apertura de Cuba hacia el turismo, a principios de los 90, ha contribuido a exacerbar toda una leyenda sobre el “fuego uterino”. Y las de piel canela u oscura -y las de otros híbridos raciales- le han sacado partido y literalmente se han adueñado de las camas de los turistas.

Más de una década después, no hay extranjero que no asocie el goce sexual con una cubana negra o mestiza. La propaganda gráfica y las revistas destinadas a atraer turistas y hombres de negocios se cuidan de explotar la imagen de la mujer como objeto sexual. Una controversia causó en la prensa nacional la promoción del ron Mulata. Pero generalmente cuando aparece la foto o dibujo de una mujer o de una niña en un anuncio, el patrón-guía suele ser el blanco. Es como si tuvieramos vergüenza de que en la envoltura de un jabón Lux, hecho en Cuba, apareciera una negra o mulata.

Ellas quedan para el ron Mulata, la mayonesa Doña Delicias y la línea de champú, acondicionador, brillantina sólida y desriz Art Work, especialmente elaborada en el país para “gente de color”, de “pelo malo” (leáse “pasa” o cabellos gruesos rizados). En el 2000, los fabricantes de Black Star, también cubanos, hicieron un póster-calendario anunciando sus productos cosméticos y lo ilustraron con fotos de tres mulatas y un negro claro.

Opuesta es la visión cuando una revista foránea decide hacer un número especial dedicado a Cuba. Es lo que hizo en noviembre de 2000 la casa editora de Merian, con sede en Hamburgo, Alemania. En la portada, una hermosa y sonriente niña negra con un peinado africano. Al hojearla, ocurre al revés de las publicaciones cubanas: trabajo cuesta encontrar fotos de nacionales blancos. No es Kuba según los europeos, sino la Cuba real.

El paso del tiempo no ha eliminado los tabúes. Y hoy, como ayer, sigue siendo mal visto que una mulata cuya madre “la adelantó”, se enamore y se vaya a vivir con un negro. Y si esa mulata le pare al niche una hembra y tiene que peinar trencitas, que dios la coja confesada. Un sacrilegio. Esa ha sido la mentalidad. Y continúa siéndolo.

Lo más doloroso es que las culpas las suelen cargar las mujeres negras. “Culpables” por el “atraso” de los suyos, por no casarse o parirle a blancos. “Condenable” la mulata que perdió la cabeza por un negro, en vez de tratar de “blanquear” la familia y seguir “adelantándola”. Porque lo negro todavía es sinónimo de retroceso, marginalidad, humillación, frustración. Y lo blanco de desarrollo, bienestar, progreso, felicidad.

No obstante, en materia de higiene, la raza negra por lo general se distingue por su aseo y limpieza. En broncas y discusiones, los negros acostumbran a decirle a los blancos “sucios y cochinos” y estos suelen ripostar gritándoles “negros peste a boca”.

Ha sido y es una gran injusticia. Si alguien ha llevado toda la carga sobre sus espaldas, ésas han sido las negras, otrora esclavas y criadas. Que arriban a un nuevo milenio con las escasas oportunidades que siempre tuvieron. Y teniendo que tragar bilis para poder vencer todos los desafios.

Es por ello que donde quiera que esté un negro preparado, uno puede estar seguro de que si hasta allí llegó, es por condiciones superiores a muchos blancos que le rodean. Y si es negra, tenga el título universitario que tenga, probablemente es porque logró sobresalir por encima de sus colegas blancas.

Si a los negros les cuesta subir y permanecer en la cima, las mujeres negras en el trayecto han dejado sangre, sudor y lágrimas. Por no decir alma, corazón y vida. O trompas, útero y ovarios.


El resultado del mundial de atletismo celebrado en agosto de 2001 en Edmonton, Canadá, evidencia la garra y la fuerza de las mujeres negras cubanas. De seis medallas obtenidas por la delegación de Cuba (los 23 deportistas participantes eran todos negros y por su actuación ocuparon el cuarto lugar por países) las cuatro primeras preseas las ganaron cuatro atletas negras: Osleidys Menendez (oro), Yipsi Moreno (oro), Sonia Bisset (bronce) y Daymí Pernía (bronce). Las dos restantes fueron colgadas en los cuellos morenos de Iván Pedroso (oro) y Anier García (plata).

Al margen de que la “guerra de razas” en las competencias de campo y pista se haya renovado, a raíz del inesperado triunfo de la ucranina Ybana Pintusevich sobre la estadounidense Marion Jones, en el caso de Cuba la realidad habla por sí sola: desde las niñas y niños en los juegos escolares hasta los atletas de alto rendimiento de uno y otro sexo, lo que brilla en torneos dentro y fuera de la isla es esa negrada, como algunos despectivamente le llaman, que algún día subirá a otro podio. A ése que más tarde o más temprano los cubanos todos construiremos. En una Cuba tolerante, democrática y multirracial.

Fotos: Flickr y Google Imágenes. Publicado en septiembre de 2003 en la web de la Sociedad Interamericana de Prensa y en la primavera de 2006 en
http://www.laperegrinamagazine.com

4 comentarios:

  1. Que interesante post sobre lo que pasó y pasa con las mujeres negras y mestizas en Cuba, pues he de decir que en México, la situación de las mujeres indígenas es similar o peor, que lo que usted relata. Hoy, en pleno siglo XXI, año 2008, en México, no hay ni se vislumbra un futuro promisorio para nuestras mujeres indígenas, víctimas naturales del racismo, discriminación y exclusión...Ah!, pero con orgullo nuestros gobernantes, dicen que vamos bién, hasta tenemos entre nuestros paisanos, a uno de los hombres mas ricos del mundo, en un país con mas de 50 millones de pobres...la riqueza está concentrada en unas cuantas manos.

    Saludos desde México.

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  2. soy blanca , cubana realmente mi piel blanca y la de mis padres .dicen que soy blanca aunque en cuba pocos realmente lo son pues tenemos algun familar chino o negro , una de mis mejores amiga es negra , aunque como buena negra cubana no es racista tambien le gustan los blancos y en su familia casi todos estan casados con blancos .estudiamos juntas nos graduamos en un tecnologico y trabajamos juntas despues me case trabaje en otro lugar y mas tarde con dos hijos trabaje por mi cuenta y "riesgo "como artesana ambulante y a escondidas , nos encontramos comenzando el periodo especial. como buenas amigas conversamos y le conte mi gran desilucion y deceos de emigrar buscando en primer lugar seguridad economica y mejor futuro para mis hijos que se educaran sin autosensurarse cuando sientieran la necesidad de decir lo que sentian o sea criarlos en libertad no trabajar en el campo lejos de su familia elegir lo que quisieran estudia o ser y no les fuera impuesto . me sorprendi se su dicurso la vi atrapada en una revista bohemia del año 67 donde como mujer negra agradecia a la revolucion por graduarse en un tecnologico.{despues de trabajar en el campo becada por tres años!!} y que essa revolucion impediria que fuera criada como lo fue su madre , y me pregunto finalmente si decidia irme y a ultima hora mis hijos {un niño y un adolecente}se negaran le dije descuida los he criado con la verdad el amor y respeto asus padres no con obedencia a la revol. . estoy felizmenete en el exilio hace mas de 7 años, me comunico con ella regularmente le he enviado ayudas economicas y medicinas tiene problemas de salud trabaja en algo no relacionada con lo que estudio por lo que le pagan una miseria aun mas baja que por su especialidad y para tratar de sobrevivir !! es criada en casa de otros cubanos muchos de ellos con puestos importantes en la revolucion !! siento pena de ella por ella pues aun agradece a la revoluci.{ aunque a mi no me lo manifiesta sabe que le recordaria que su mama fue una criada tambien que los crio y alimento con su trabajo que es un empleo honrado y la revolucion hizo ver deshonroso a sus ojos y de muchos cubanos demostrandole que fue usada y engañada por la revoluci.} que su hijo estudie en la universidad claro pagando ya con trabajos en el campo y despues de graduado como otros cubanos y negros posiblemente ejersa poco en lo que esta estudiando.

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