Raúl Castro anuncia tiempos difíciles y ataca el igualitarismo

Raúl Castro advirtió este viernes que se esperan tiempos más difíciles para la economía de la Isla, en un discurso en el que no hubo anuncios relacionados con las expectativas creadas en la población durante los últimos meses y sí avisos de eliminación de gratuidades y subsidios, y establecimiento de impuestos.
Al clausurar la primera sesión de la Asamblea Nacional del Poder Popular desde que asumió formalmente el gobierno hace cinco meses, el general de 77 años criticó el derroche, la ineficiencia, el robo entronizado y el igualitarismo, y dejó claro que está lejos la posibilidad de una mejoría salarial.
En su intervención, de casi una hora, Raúl Castro advirtió que la crisis internacional "puede empeorar" y llevar al gobierno a hacer ajustes: "Es inevitable que sufriremos cierto impacto en determinados productos y servicios", dijo, sin hacer precisiones.
"Para importar el mismo volumen de alimentos que en el 2007, este año se requerirían 1.100 millones de dólares más", afirmó en referencia al alza mundial de los precios de los alimentos, reportó la AFP.
En ese sentido, consideró urgente elevar la producción agrícola en el país y "revertir definitivamente la tendencia al decrecimiento del área de tierra cultivada" que, entre 1998 y 2007, disminuyó en un 33%.
"Dicho en pocas palabras: ¡hay que virarse para la tierra! ¡Hay que hacerla producir! (...) No puede quedar una hectárea apta sin sembrar", afirmó.
Dijo que ya se aprobaron "las disposiciones legales para iniciar la entrega en usufructo de tierras ociosas a quienes estén en condiciones de ponerlas a producir de inmediato, y se adoptarán otras medidas asociadas a la actividad agropecuaria".
Añadió que en los últimos doce meses se ha trabajado para implementar que "la tierra, los recursos y todo el apoyo necesario estarán cada vez más a disposición de quienes produzcan con eficiencia (...) independientemente de que sea una gran empresa, una cooperativa o un campesino individual".
Raúl Castro dijo ser "admirador" de "la gran empresa estatal socialista, incluidas las agropecuarias", y recalcó que su gobierno no renunciará a ellas, siempre que sean eficientes.
"Todas son formas de propiedad y producción que pueden coexistir armónicamente, pues ninguna es antagónica con el socialismo", afirmó.
Menos gratuidades y subsidios
En su discurso, Raúl Castro atacó la política de igualitarismo llevada a cabo durante décadas por el régimen, y a la cual su hermano, Fidel Castro, exhibió en múltiples ocasiones como un símbolo de justicia social.
"Socialismo significa justicia social e igualdad, pero igualdad de derechos, de oportunidades, no de ingresos. Igualdad no es igualitarismo. Este, en última instancia, es también una forma de explotación: la del buen trabajador por el que no lo es, o peor aún por el vago", dijo Raúl Castro.
En ese sentido, reiteró su intención de "eliminar las gratuidades indebidas y el exceso de subsidios".
El gobernante se refirió también a la demanda social de aumenta el salario y darle valor, y dijo que esto "dependerá de la situación económica del país, inevitablemente vinculada a la crisis existente hoy en el mundo, la cual puede incluso agravarse".
"Quisiéramos ir más rápido, pero es necesario actuar con realismo", afirmó. "Cada aumento de salario que se apruebe o precio que se establezca debe corresponder con las posibilidades de la economía", añadió, según EFE.
"Es mi deber expresarlo con franqueza, pues no sería ético crear falsas expectativas. Decir lo contrario sería engañarlos", dijo.
Raúl Castro señaló que para elevar los salarios debe haber "orden, control y rigurosa exigencia que aseguren eficiencia, ahorro y eviten robos o desvíos de recursos". Además, un "adecuado sistema de impuestos y contribuciones" y que "el trabajo aporte lo que todos después demandan recibir".
Es importante, manifestó, que el incremento se corresponda con el nivel de "aporte" de las personas o sectores a la economía.
El gobernante confirmó que, ante la falta de fuerza laboral y el envejecimiento de la población, se estudia un proyecto para aumentar en cinco años la edad de jubilación —60 a 65 los hombres y 55 a 60 las mujeres—, que deberá ser ratificado en diciembre por la Asamblea Nacional y entrar en vigor, en un proceso gradual, de 2009 a 2012.
Asimismo, anunció que se analiza la posibilidad de autorizar el "pluriempleo", para que los trabajadores puedan tener "más de un contrato laboral" y percibir más ingresos.
Raúl Castro calificó de "absurda mentira" la práctica de calcular la equivalencia del salario medio en la Isla (unos 408 pesos) en dólares (unos 17), porque en su opinión no se tienen en cuenta los subsidios de recibe la población.
"Con 30 veces esos 17 dólares, nadie en ningún país capitalista puede pagar aquello a que tiene acceso normalmente cualquier familia cubana", dijo.
Por otra parte, rechazó que las medidas que ha emprendido su gobierno sean "cosméticas", como afirma Washington.
"Ante cada medida adoptada últimamente (...) sale enseguida algún funcionario del gobierno de los Estados Unidos, desde un vocero hasta el presidente, calificándola de 'insuficiente' o 'cosmética'", dijo.
"Aunque aquí nadie les ha pedido opinión, reitero que jamás adoptaremos una decisión, ¡ni la más mínima!, como resultado de la presión o el chantaje, venga de donde venga, de un poderoso país o de un continente entero", añadió.
El mandatario reveló que consultó con Fidel Castro su discurso, al que calificó de "difícil".
"Me dijo que estaba totalmente de acuerdo (...) que está perfecto", indicó.

(Publicado en Cubaencuentro.com el 12 de julio de 2008)

El dilema del arroz

Por Tania Quintero

Foto: Celina Morales, Flickr

Durante años, una de mis obligaciones diarias fue colocar un mantel en la mesa de la sala-comedor y sentarme a limpiar arroz. Cuando ya estaba limpio, mentalmente tenía que prepararme para saber si lo iba a poder cocinar sin problemas en la olla arrocera: más de una vez un apagón me cogió con el arroz acabado de poner en la olla eléctrica. Y a sacarlo y continuar cocinándolo en el caldero de hierro que fue de mi abuela.


Una vez me hablaron de una mujer que se dedicaba a limpiar arroz en el vecindario, cobraba dos pesos la hora (porque habia quien la contrataba para que limpiara el arroz a consumir por ocho o diez personas durante toda la semana) y casi estuve a punto de pedirle que me tirara un cabo con el maldito arroz -casi sîempre chino o vietnamita, el más sucio de todos era el "arroz de la tierra", como se le llama al cosechado en el país.

Una de mis grandes alegrias fue cuando en diciembre de 2003 en Migros, el primer supermercado donde puse un pie en Suiza, descubrí unos paquetes de arroz Carolina, de grano largo, blanco y limpio, listo para lavar y poner a la candela. El paquete de un kilo costaba 2 francos. En ese momento no me fijé en su procedencia, sino en que no tenia que "escogerlo", o sea, limpiarlo.

Desde entonces ha sido el arroz que mi hija, mi nieta y yo hemos comido. Pero hoy, cuando abri la computadora y revisé noticias online, en Swissinfo lei una noticia que me dio mala espina. Resulta que el 27 de noviembre de 2005 más del 55% de los suizos respaldaron la iniciativa popular "Por alimentos producidos sin manipulación genética". El voto también impide a la agricultura suiza utilizar OMG (contenidos genéticamente modificados, según sus siglas en inglés) en plantas ni animales durante un plazo de cinco años, cuando el tema se volverá a someter a votación.

El problema es que Migros, una de las dos grandes cadenas suizas de supermercados, el arroz que vende lo compra a Estados Unidos y el 18 de agosto de 2006 autoridades de ese país les comunicaron que habían encontrado una concentración de 0,01% de OMG, nada más y nada menos que en el arroz Carolina, de grano largo, el que siempre hemos comprado, cocinado y comido.

Aunque no se ha demostrado que este bajo porcentaje pueda afectar la salud humana -el mínimo tolerado es de 0,09%- la cuestión es que Migros, momentáneamente decidió retirarlo de sus anaqueles.

Como buena cubana, cogi una jaba grande y me fui al Migros donde habitualmente compro. Ni un solo paquete de Carolina. Cogí el õmnibus y me fui a otro más pequeño, y ahí enseguida lo vi, junto a los paquetes de arroz "bolito", en Suiza usado para preparar Risotto.

Mi fallo fue que solo compré cuatro paquetes. Fui para la casa, preparé el almuerzo a mi nieta y regresé de nuevo a ese Migros.Ya los habían retirado. Arroces, claro, hay de todo tipo y en muchos comercios, pero a mi gustaba ése: abría el paquete, lo echaba en un envase plástico, lo lavaba y pum, pa'la arrocera, con su correspondiente agua, sal y aceite.

En Europa, cada vez más, todo es Eco, Bio, Light... Para quienes hemos vivido más de cuatro décadas en el despelote, el desmadre y el descaro, todo eso nos parece una comermiedería de marca mayor. Después de haber comido arroz con gusanos, frijoles con gorgojos, pescado siguato, pan con mocos de panadero, frituras con moscas adentro, café mezclado con chícharos, latas de carne con dos años de vencimiento, picadillo de cáscara de plátano burro y gato asado, le ronca tanto melindre por un arroz que nada más tiene el cero coma cero uno porciento de contaminación!

(Redactado en septiembre de 2006)

Telefonía con alambre de púas

por Raúl Rivero

Los propagandistas profesionales usan sin compasión y sin complejos todos los caminos para que sus venenos lleguen puros, poderosos y mortales a su destino. Lo saben muy bien los maquillistas del régimen cubano que, desde hace unas semanas, tratan de hacer ver como un proceso de cambios la romería de anuncios para primeras planas que conforman la esencia de un simple cambalache.

Han sabido deslizar en cálidas conversaciones bordadas de misterio el adelanto de noticias exclusivas que, analizadas con serenidad, son las frases de entrada a la crónica patética de la realidad que vive y padece la sociedad cubana desde hace medio siglo.

Fuera del ámbito de esa isla secuestrada por la ambición de un grupo y por el fracaso reconocido de un sistema, ¿en qué país del planeta Tierra puede alcanzar la categoría de noticia el hecho de que los ciudadanos puedan dormir en los hoteles levantados en su geografía?

Lo mismo pasa con el uso de los teléfonos celulares, los DVD, las ollas de presión. Y, lo que es más ridículo, con la televisión. En Cuba se vendían a plazos y al contado aparatos de varias marcas reconocidas cuando todavía ese medio no se había instalado en muchas de las naciones que hoy se asombran con los despachos de prensa en los se da cuenta que la jerarquía criolla tiene la condescendencia de permitir a sus ciudadanos el esfuerzo de comprar un receptor de TV.

Lo cierto es que ese pequeño carnaval de obviedades, esas legalizaciones dejadas caer día tras día, han creado la ilusión, en algunos sectores, de que la democracia está ahí mismo, al final del arco iris.

También es verdad que en otros grupos no ha entrado con facilidad ese optimismo al que se le puede ver el cuño, el sello y las firmas autorizadas de la burocracia. Desde la hermosa y entrañable ciudad de Santander, en Cantabria, recibí hace unas horas este mensaje enviado por un grupo de amigos: ¿Es verdad que volverán a permitir en Cuba el sueño y la libre respiración?

Sí. La propaganda hace su trabajo sucio y no descansa. No puede descansar si tiene sobre sus columnas temblorosas la responsabilidad de reinventar todas las mañanas un quicio para que se muevan y se acomoden los personajes que les han entregado el país al marabú y a la mentira.

Hay que contrastar la información y darles espacios a otros mensajes que tienen menos heraldos voluntarios. Esta semana he recibido notas de Dolia Leal y de Alida Viso Bello donde no se ve por ninguna parte las palabras cambio, ni esperanza. Angustia y preocupación en las líneas de sus párrafos breves y el miedo a que sus esposos, Nelson Aguiar y Ricardo González, se mueran en prisión.

Llamados de la familias de José Luis García Paneque y de Normando Hernández y las noticias, silenciadas por los medios, de que hay un brote de tuberculosis en la prisión de Ariza, en la zona de Cienfuegos y de que la policía amenazó a las familias de tres músicos que pidieron asilo político en Brasil.

Hay muchos cómplices en ese brote de deslumbramiento porque el régimen se ve obligado a devolver, a medias y en condiciones precarias, una parte de los derechos que le arrancó a la fuerza a una población que había perdido ya sus mecanismos de defensa.

Cambio no. Lo que se escenifica ahora en Cuba es un cambalache porque, según la Real Academia Española, esa palabra quiere decir trueque frecuentemente malicioso hecho con afán de ganancia.

CUBA: LA TRANSICIÓN O EL DESASTRE

Por Carlos Alberto Montaner

V Foro Atlántico
“Cuba: de la dictadura a la democracia” Fundación Internacional para la Libertad Fundación Iberoamerica-Europa Madrid, 7 de julio de 2008

Primera parte publicada en Todo el mundo habla.

Lo que solicitan estos demócratas, y lo que se les niega mediante diversas formas de represión, incluidas la cárcel y las golpizas, es espacio para intercambiar ideas libremente, la posibilidad de hablar y publicar dentro del país, y la autorización para realizar actividades proselitistas. Aspiran, lógicamente, a participar en la vida política de la nación para poder alentar pacíficamente un proceso de transición hacia la democracia, pero hasta ahora sólo han conseguido una victoria parcial, aunque tremendamente importante: que el gobierno no haya podido aplastarlos ni silenciarlos totalmente, como sucedía en las primeras dos décadas de la dictadura. Esta limitación de la represión, en gran medida, se debe al reconocimiento internacional que han recibido los disidentes, apoyo que ha sido posible por las gestiones de los demócratas de la oposición externa, muy activos y eficaces en Estados Unidos y Europa.


La estrategia de la dictadura frente a los demócratas de la oposición interna es la misma que el KGB desplegaba en la URSS frente a los opositores: primero, penetrarlos con decenas de agentes de la contrainteligencia, y, segundo, excluirlos de la vida pública mediante el manido expediente de calumniarlos y calificarlos como agentes pagados por los Estados Unidos para que traicionen a su país. En todo caso, no se trata de un argumento serio que realmente preocupa a la población, sino de una coartada para justificar la marginación y las represalias. A partir de esa premisa, los demócratas, siempre al alcance de una paliza o de la cárcel, no pueden participar como opositores en ninguna institución -sindicatos, organizaciones de masas, parlamentos, organizaciones estudiantiles o profesionales-, y les está vedada cualquier actividad pública. La consecuencia de esta marginación es obvia: la capacidad real que tienen de impulsar la transición hacia la democracia es muy débil, pero, en su momento, serán muy importantes cuando ese periodo se alcance.

En cuanto a los demócratas de la oposición externa -que también suelen enfrentar las campañas de calumnias orquestadas por la policía política cubana y sus colaboradores, a veces acompañadas por episodios de estridente vulgaridad y violencia-, están limitados a cinco tareas esenciales que suele realizar con cierta eficacia, pese a los limitados recursos que poseen: Denunciar internacionalmente los atropellos de la dictadura. Ayudar a los demócratas dentro de Cuba proporcionándoles aliento, recursos, análisis e informaciones.

Generar apoyo internacional para respaldar el cambio.

Impedir que el gobierno cubano pueda normalizar sus relaciones con Estados Unidos o Europa sin antes amnistiar a los presos políticos y respetar los derechos humanos y civiles de los cubanos.

Estudiar y explorar las mejores vías para lograr una transición exitosa cuando llegue el momento
de los cambios.

La triste mayoría silenciosa

¿Y qué papel desempeña el pueblo llano en todo esto? Quiero decir, los diez millones de personas que no forman parte del partido comunista, ni militan en la oposición, ni son militares, agentes de la Seguridad o dirigentes medios del aparato administrativo: nada menos que esas nueve décimas partes del total del censo cubano que sobrevive como puede en medio de la vorágine nacional.

En realidad, ese pueblo llano, hoy dotado de una mínima pulsión cívica, tiene un escaso peso relativo. Ha aprendido a obedecer, aunque sólo sea aparentemente, como una forma de sobrevivir, adoptando lo que en Cuba llaman “la moral de la yagruma”, una planta cuyas hojas tienen dos caras totalmente diferenciadas. Mientras en la intimidad de los hogares o con los amigos de confianza la inmensa mayoría de ese pueblo llano critica en voz baja al gobierno, y lo califica de corrupto e incompetente, culpándolo de la miseria sin esperanzas que padece, no obstante, aplaude si se lo piden, desfila y grita consignas si lo convocan, y hace la cruz en cualquier boleta electoral que le pongan en la mano, aunque carezca de la menor convicción revolucionaria. Lo hace con la actitud mecánica y conformista, podrida por el oportunismo, de quien, para evitar males mayores, participa en un rito hipócrita vacío de cualquier contenido afectivo.

¿Sabemos lo que realmente desea ese pueblo? Sí, porque al menos ha habido dos encuestas imparciales, aunque celebradas en condiciones muy difíciles, y porque conocemos lo que pretende lograr cualquier población compuesta por seres humanos normales. Los cubanos, simplemente, en el terreno estrictamente material, quieren vivir mejor. ¿Qué es eso? Sencillo: tener viviendas mínimamente habitables, alimentarse razonablemente y con comidas variadas, poder tomar leche, comprar pan, huevos, carne o aceite sin racionamientos o precios prohibitivos, y adquirir zapatos o ropas sin tener que arruinarse. Las mujeres ambicionan cosas tan humildes como toallas sanitarias, ropa interior, sábanas, toallas, colchones, almohadas, pañales infantiles desechables, útiles de cocina. Todos quieren tener libre acceso a papel higiénico, jabones, desodorantes. Anhelan poder arreglar y pintar sus viviendas sin tener que robarse los materiales. Sueñan con ciudades en las que las cucarachas y los ratones no les disputen la vía pública a unos transeúntes que tienen que caminar entre aceras y calles destrozadas, sorteando montones de basura hedionda y pestilentes salideros de las alcantarillas. Quieren poder adquirir automóviles, y si no tienen dinero para ello, al menos poder contar con sistemas de transporte humanos, y no esos vehículos atestados por cientos de pasajeros sudorosos y disgustados por el tiempo perdido a la espera de unos autobuses que parece que no llegan nunca.

¿Qué hace el gobierno para mitigar las infinitas necesidades materiales de una población, en general, sin grupos sociales medios, que vive como los sectores pobres de América Latina? Hace dos cosas: o silencia las quejas y las deficiencias y reitera el cínico discurso contra el consumismo occidental, o le entrega a la población dos sofismas políticos complementarios. Le dice (y ya nadie lo cree) que “la culpa es del bloqueo yanqui”, y le asegura que, pese a los síntomas, los cubanos viven en el mejor de los mundos posibles, porque, si no fuera por la revolución, la sociedad padecería una miseria como la haitiana y la población sería esclavizada por los norteamericanos o por los crueles cubanos exiliados -la mafia de Miami- que regresarían cuchillo en mano a sojuzgar a sus compatriotas y a echarlos de sus viviendas. Simultáneamente, una y otra vez el gobierno les recuerda a los cubanos que, también gracias a la revolución, hoy el país cuenta con una masa notable de personas educadas y con acceso a un extendido (aunque muy precario) sistema de salud.

El pueblo llano, ¿cree, realmente, estas patrañas? Probablemente no, pero, con toda seguridad, esas campañas propagandísticas, repetidas hasta el cansancio por los medios de comunicación, sí han conseguido elevar el nivel de ansiedad de la población (especialmente entre los mayores de 60 años) ante ese eventual cambio de modelo económico que el país desea ardientemente, pero, al mismo tiempo, teme, porque su realidad material es muy endeble y carece de excedentes para afrontar lo desconocido con un mínimo de seguridad. Esa población, pues, sufre las consecuencias de un gobierno que ha sacrificado tres generaciones de cubanos y ahora se dedica a envenenarle la posibilidad de un futuro mejor. Eso, en parte, explica su parálisis, pero, aún en la mayor incertidumbre, no hay duda de que el pueblo llano anhela unas reformas profundas y definitivas que lo saquen de la miseria en la que vive.

Hugo Chávez forma parte de la ecuación.

El venezolano Hugo Chávez también forma parte de la ecuación cubana. En diciembre del 2005 Carlos Lage dijo en Caracas que Cuba tenía dos presidentes, Hugo Chávez y Fidel Castro. Inmediatamente, y sin demasiada discreción, se crearon comisiones para comenzar a dar pasos en la dirección de confederar ambos países ajustando sus legislaciones, pero tuvieron que abandonar esos planes unos meses más tarde cuando el Comandante se enfermó. Ya nadie dice que Cuba tiene dos presidentes, Raúl Castro y Hugo Chávez, y mucho menos que Raúl Castro es también el presidente de Venezuela, pero las relaciones entre los dos países son muy intensas y no hay duda de que gravitan sobre el futuro cubano.

Como suele decirse en los guiones de los cómicos más socorridos, Chávez le trae a Raúl Castro una noticia buena y otra mala. La buena son los algo más de cien mil barriles diarios de petróleo (que acaso le permiten reexportar a Cuba entre quince y veinte mil), más los créditos para adquirir productos venezolanos. ¿Cuánto alcanza ese subsidio disfrazado de intercambio? Probablemente entre tres y cuatro mil millones de dólares anuales, una cantidad inmensa si se toma en cuenta el tamaño de la economía venezolana y el escaso volumen de las exportaciones cubanas.
¿Por qué Chávez ha puesto la tesorería venezolana al alcance de las ilimitadas necesidades de la incompetente economía cubana? Porque la asociación con Cuba le proporciona varios elementos clave para sostenerse en el poder:

La colaboración muy eficaz de los servicios cubanos de inteligencia, que lo mantienen informado de lo que sucede en todos los niveles de la estructura del poder y de la oposición en Venezuela.

Los médicos y personal sanitario cubano para las misiones, dedicados a reclutar la clientela política del chavismo.

La creación de un marco de apoyo internacional al chavismo forjado de acuerdo con la vieja técnica de orquestación mundial de la solidaridad revolucionaria que los cubanos aprendieron cuidadosamente de sus maestros soviéticos.

Sin embargo, la mala noticia para Raúl Castro es que Chávez es el continuador del espasmo imperial tercermundista que afectó a Cuba durante medio siglo. Chávez y Fidel deliran en la misma frecuencia, padecen del mismo tipo de mesianismo, y entre el año 2002 y el 2004 ambos llegaron a la peregrina conclusión -esbozada por el canciller cubano Felipe Pérez Roque en Caracas en diciembre del 2005- de que el eje Habana-Caracas debía asumir paladinamente la defensa del “socialismo del siglo XXI” y reemplazar al Moscú decadente y traidor que había abandonado el objetivo de liberar a la humanidad de las cadenas del opresor capitalismo occidental acaudillado por Estados Unidos.

Así las cosas, al asumir la relación con Hugo Chávez, Raúl Castro obtiene, por una punta, como activos, los recursos que necesita para aliviar la situación económica del país, pero, por la otra, también debe afrontar un enorme pasivo: el costo que significa continuar atado a un proyecto político delirante, anacrónico y condenado al fracaso, que no es más que una nueva versión, menos sangrienta, del que consumió inútilmente las primeras cuatro décadas de la revolución cubana.

Cuando muera Fidel -padre putativo de Chávez-, ¿qué va a pesar más en el ánimo de Raúl Castro, el suministrador de petróleo y créditos vitales, o el generador de pleitos inútiles, abanderado de causas absurdas defendidas con ideas equivocadas? Cualquiera de las dos opciones tiene un alto costo y un peligro. Si abandona a Chávez pierde ingentes cantidades de recursos y se expone a que los residuos del fidelismo nostálgico conspiren de la mano del venezolano. Si permanece encadenado al socialismo del siglo XXI y al guirigay tercermundista antioccidental, jamás conseguirá sacar a la Isla de la situación en que se encuentra postrada y no podrá legarles a los cubanos (ni a su familia y partidarios) un país sosegado y normal, como afirman que promete a su círculo más íntimo y sensato cuando les revela sus planes y visión de largo plazo.

Estados Unidos: un asunto de política interna.

Qué duda cabe de que Estados Unidos es un elemento muy importante en el acontecer cubano. Así ha sido, al menos desde fines del siglo XVIII, seguramente como consecuencia de la cercanía entre ambos países. En todo caso, lo probable es que la transición cubana comience a ocurrir durante el mandato del cuadragésimo cuarto presidente de Estados Unidos, ya sea éste el demócrata Barack Obama o el republicano John McCain, lo que incrementa el peso de Washington en la actual circunstancia cubana.

¿Tiene mucha importancia que gobiernen los demócratas o los republicanos para las relaciones entre los dos países? Tal vez menos de lo que pueda suponerse. La ley Torricelli, que endurecía el embargo, fue firmada en 1992 por el primer George Bush, republicano. Y la ley Helms-Burton, que lo endurecía aún más, fue firmada por el demócrata Bll Clinton en 1996. Durante la campaña electoral, los dos candidatos ya han establecido sus vínculos con los grupos de exiliados y lo probable es que en ningún caso se producirá un brusco viraje estratégico en el diseño de la política estadounidense hacia Cuba. Ninguno de los dos partidos siente la menor urgencia de modificar una política con la que han vivido casi medio siglo. Tanto demócratas como republicanos tienen un objetivo muy claro relacionado con el tema cubano: contentar a la mayoría de los votantes procedentes de esta etnia -algo muy importante en un estado como Florida, ganado en el año 2000 por los republicanos por 586 votos-, y, si se produjera otro episodio de tensión entre los dos países, evitar el éxodo masivo de cubanos hacia Estados Unidos.

La medida para lograr el objetivo seducir a los votantes cubanoamericanos es muy sencilla, como demuestran todas las encuestas: presentar una política de firmeza frente al gobierno de los Castro, objetivo en el que ambos candidatos coinciden en lo fundamental, aunque puedan discrepar en algunos detalles menores, como sucede con el de la frecuencia de los viajes de los cubanos residentes en Estados Unidos a la Isla. En todo caso, la visión de fondo de los policy makers de los dos partidos también coincide en el diagnóstico sobre qué es lo que le conviene a Estados Unidos que suceda en Cuba: que se produzca una transición ordenada y pacífica hacia la democracia, y que la Isla genere suficientes riquezas para sostener a sus habitantes sin que tengan que recurrir a la emigración.

Afortunadamente, ya son muy pocos los políticos norteamericanos que creen que la mejor manera de defender los intereses de los Estados Unidos es contar con gobiernos de mano dura en el vecindario, lo que hoy los hace rechazar la cínica proposición de aplaudir en Cuba el paso de una dictadura antiamericana a otra más o menos similar, pero con buenas relaciones con Washington, capaz de mantener un fuerte control sobre los cubanos para evitar la emigración clandestina a la Florida o el uso de la Isla como una plataforma para el envío de narcóticos a Estados Unidos.

Una política de apaciguamiento y contemporización con una “dictadura comunista buena” lo único que conseguiría sería aplazar el problema, no resolverlo. La lección aprendida a lo largo del siglo XX es que, precisamente, la estrategia de pactar con “our son of a bitch” (Batista, Somoza, et al), fue lo que provocó la posterior aparición de Castro en Cuba y del sandinismo en Nicaragua, y la causante de innumerables y legítimas críticas a Washington, aunque no deja de ser paradójico que la misma izquierda que antes criticaba a los norteamericanos por tener buenas relaciones con las dictaduras de derecha, ahora los critica por no querer tenerlas con las tiranías comunistas.

¿Qué haría Estados Unidos si Raúl Castro, o quienes le sucedan en el poder, intentaran movilizarse en dirección de un cambio real de sistema? Sin duda, ayudarían, tenderían la mano y favorecerían esta evolución. Harían lo que hizo Ronald Reagan cuando advirtió que Mijail Gorbachov se tomaba en serio la perestroika y el glasnost. Con bastante agilidad, el viejo actor convertido en presidente, quien llegó al poder decidido a enfrentarse al “eje del mal”, desarrolló unas relaciones cordiales son su homólogo soviético, facilitando la distensión y las buenas relaciones entre los dos países, luego perfeccionadas durante la presidencia de George Bush (padre).

En el caso de Cuba, con una economía tan pequeña y frágil como la que tiene el país, y dadas las implicaciones políticas internas que poseen los asuntos cubanos en Estados Unidos, no hay duda de que Washington levantaría el embargo a corto plazo, proporcionaría ayuda copiosa para encarrilar la transición, y buscaría el respaldo de otros grandes actores internacionales para facilitar el paso hacia la democracia y la prosperidad. Obviamente, nada de esto tendría sentido si se prolonga la dictadura actual, o si el gobierno cubano trata de adaptar a la Isla el modelo chino o vietnamita para prorrogar la autoridad y los privilegios de la clase dirigente. En ese caso, en Estados Unidos no existen incentivos razonables para contribuir a la consolidación de ese sistema, ni habría el menor estímulo por tratar de cambiar la política norteamericana hacia Cuba.

Nadie puede lograr sus objetivos.

La ironía del caso cubano es que ninguno de los factores principales de este drama puede lograr por sí solo sus objetivos.

Fidel Castro no conseguirá, tras su muerte, la supervivencia de su régimen comunista dedicado a la lucha internacional contra Estados Unidos y el capitalismo occidental. Cuba, sencillamente, no puede seguir siendo una reliquia de la guerra fría, dotada de una antiquísima visión soviética de las relaciones internacionales. Cuba no puede ser, con carácter permanente, la excepción marxista-leninista en un planeta en el que esa opción dejó de tener vigencia.

Raúl Castro no podrá transferir su inmenso poder al Partido Comunista, fracasará en su intento de crear un mecanismo estable y predecible para transmitir la autoridad, y le será imposible calcar los modos de producción de China y Vietnam, generando con ello una terrible frustración en una sociedad que posee unas altísimas expectativas de mejorar sus formas de vida bajo su mandato.

Los reformistas dentro del aparato de gobierno, aunque sean la inmensa mayoría, no podrán controlar el poder y hacer los cambios que la sociedad desea para salir de la miseria y la incertidumbre en la que vive el país. Llevan demasiado tiempo arrodillados y aplaudiendo y están dominados por la capacidad de intimidación de la cúpula dirigente.

El pueblo llano -esos diez millones de cubanos de una población de algo más de once- tampoco es un factor del que podemos esperar una actuación desencadenante de una verdadera transición. El estado anímico que prevalece en el país es una combinación entre la indiferencia, la desesperanza y el “sálvese el que pueda”, es decir, la receta perfecta para la parálisis colectiva. El pueblo llano aprendió a no creer en el gobierno ni en la oposición, y sospecha de todo discurso político y de toda construcción teórica. Su principal objetivo, tal vez su único objetivo, es resolver, vivir mejor. Por eso, su norte suele ser, precisamente, el norte.

Los demócratas de la oposición tienen un peso específico más moral que real. El hecho de que no figuren en ninguna de las instituciones oficiales y de que les esté vedado el contacto con las masas, provoca que no puedan poner en marcha ningún proceso de cambios, aunque la labor que realizan y los inmensos sacrificios que hacen -en los que a veces pierden la vida- sí fomenta la atmósfera para que, en su momento, llegue la ansiada transición.

Hugo Chávez no parece ser un factor destinado a una larga vida política en América Latina. Su peso internacional depende del precio del petróleo, no de sus virtudes personales ni de su ejemplo como gobernante. La alianza que mantiene con los gobiernos de Bolivia, Ecuador y Nicaragua es muy precaria. Su propia autoridad sobre los venezolanos se debilita progresivamente, como se demostró en el referéndum de diciembre de 2007. Las encuestas reflejan la existencia de un chavismo duro que apenas alcanza el 17% del censo, al que se suma otra zona de apoyo, más blanda, aproximadamente de las mismas proporciones: o sea, apenas lo respalda un tercio de los venezolanos. Su sueño de convertir al eje Caracas-La Habana en el reemplazo de Moscú con el socialismo del siglo XXI se va desmoronando poco a poco. Chávez, además, no tiene influencia en Cuba. Es al revés: él es un prisionero-cliente de los muy eficaces servicios de inteligencia que le proporciona el gobierno cubano.
Estados Unidos tampoco tiene cómo acelerar los cambios en Cuba, pero, a la espera de la circunstancia propicia, lo más prudente sigue siendo mantener la estrategia de contención que ya le dio resultado durante la guerra fría frente a la URSS:

Ayudar a los demócratas de la oposición interna y externa, como en su momento hicieron con los disidentes del bloque del Este, para que no sean barridos por el aparato totalitario y puedan servir al país cuando llegue el momento de la transición. Mantener las transmisiones de Radio y TV Martí para que la población de la Isla tenga acceso a informaciones objetivas sobre la realidad contemporánea frente a la propaganda incesante del totalitarismo.

Forjar lazos con la Unión Europea y Canadá para presentar un frente común ante la dictadura que presione en dirección de los cambios democráticos y el respeto por los derechos humanos.

Ofrecerles ayuda generosa a los cubanos para cuando llegue la “hora cero”, de manera que la población pueda estar segura de que sus condiciones de vida van a mejorar sustancialmente desde el momento en que comiencen los cambios.

El desenlace.

¿Cómo terminará la larga era del castrismo? Mi pronóstico es que, tras la muerte de Fidel, Raúl Castro, o sus sucesores -dado que Raúl es un anciano de 77 años-, ante el continuado desastre material del país, ya sin legitimidad y carentes del aura protectora que proporcionan los dictadores carismáticos -desde Franco a Trujillo, pasando por el paraguayo Stroessner-, como sucedió en Europa del Este, y aún en la España post-franquista, se verán obligados a afrontar el inapelable desmantelamiento de un sistema disparatado en el que ya nadie cree. En ese momento, quien ocupe el poder en La Habana tendrá ante sí dos opciones:

La primera, abrir el juego democrático ampliando los márgenes de participación a toda la sociedad, incluidos los demócratas de la oposición, como, grosso modo, ocurrió en Europa, aun a sabiendas de que a medio o largo plazo perderán el poder, aunque ya saben que hay vida después del comunismo, como se ha comprobado hasta la saciedad.

Y la segunda, hacer eso mismo, pero reservándose el control de las Fuerzas Armadas para tutelar el proceso de cambios, como garantía de que no se producirán revanchas, tal y como sucedió en Nicaragua tras la derrota de los sandinistas o en Chile cuando Pinochet perdió el referéndum.

¿Qué sucedería si no ocurre nada de esto y el gobierno opta por mantener el poder por la fuerza, en medio del descrédito del sistema y de la inconformidad casi total de la población? Tal vez, entonces el desenlace será violento e incontrolable. Un día, probablemente en los cuarteles, un grupo de hombres armados intentará iniciar a tiros los cambios que el gobierno, actuando irracional y cobardemente, se negaba a afrontar. A partir de ese momento, cualquier cosa podrá acaecer, incluido el temido y evitable baño de sangre que no se merecen los pobres cubanos tras tantas décadas de sufrimiento y frustraciones. Esperemos que, al menos por una vez, los cubanos actúen razonablemente.

La mala salud de la Medicina cubana

Por Iván García

Uno de los más cacareados logros de la revolución de Fidel Castro lo es sin lugar a dudas la salud pública. Pero esta se desmorona por días. Varias son las causas del retroceso. Cuando el gobierno cubano vivía felíz y sin preocupaciones, a costa de los 4 mil millones de rublos (o su equivalencia en dólares), recibido anualmente de la desaparecida Unión Soviética, la medicina nuestra era sumamente eficiente, no obstante el embargo norteamericano obstaculizar la compra de algún que otro novedoso fármaco o equipo médico. Entonces, 227 millones de dólares eran bien aprovechados: con ese dinero se podía comprar en cualquier otro lugar del planeta. Eso no sucede en la actualidad. El presupuesto para adquirir medicinas se ha visto reducido a 52 millons de dólares, un tercio de lo que se destinaba en la época en que nos amamantaba la hoz y el martillo. Las consecuencias han sido dramáticas.

A pesar de contar con una legión de casi 50 mil galenos para una población de 11 millones de habitantes, éstos no son todo lo efectivo que pudieran ser. Los doctores cubanos trabajan con grandes limitaciones. Las condiciones higiénicas son deplorables, la falta de material médico y la imposibilidad de lograr tratamientos adecuados para sus pacientes, debido a la escasez de medicamentos, son algunas de las dificultades principales que confronta Cuba como "potencia médica."

En los stocks de las farmacias escasean desde la aspirina hasta la vitamina C, necesaria en un país tropical donde los contínuos cambios climatológicos y otros factores ambientales son responsables de que enfermedades de las vías respiratorias estén a la órden del día. No se saben las cifras, pero por lo menos uno de los fallecidos diariamente en el país es a consecuencia de asma o complicaciones respiratorias.

Enfermarse en la Cuba de finales del siglo resulta una calamidad. Porque la única manera de conseguir los fármacos indicados es por dólares o a través del mercado negro, donde la venta de medicamento se ha convertido en un negocio altamente lucrativo. De esa forma la ayuda médica que el gobierno logra acopiar o que solidariamente ongs hacen llegar, se desvían o dilapidan. Algunos la sustraen de almacenes, hospitales o farmacias y se las dan a revender a elementos inescrupulosos.

En la capital, por ejemplo, en estos momentos se puede adquirir un spray de Salbutamol, donado por España por 40 pesos o 2 dõlares; un frasco de vitamina C de Gran Bretaña, por 50 pesos o 2.50 usd. El ácido ascórbico de producción nacional, ausentes desde hace meses de las farmacias, se pueden conseguir "por la calle," a 0,50 centavos de peso cada tableta de 500 mg. El mercado negro también "suministra" complejos vitamínicos, calcio, píldoras anticonceptivas, medicamentos para la hipertensión, diabetes, Mal de Parkinson... El surtido es amplio y los robos son constantes.

Cuando un ciudadano se enferma aunque no sea de gravedad, tiene que disponer, como promedio, de 100 a 200 pesos (de 5 a 10 dólares al cambio actual de 20 por uno), cantidades equivalentes a la mitad de un salario o al mismo completo. Ante el déficit de medicamentos, desde hace varios años las autoridades sanitarias vienen incentivando, el tratamiento de diversos males a través de la medicina verde, la acupuntura, la hipnosis o la fangoterapia.

Otro fenómeno que conspira contra el desarrollo de la salud pública es la apatía de su propio personal, en particular de los médicos a la hora de consultar a los pacientes. De hecho, ha surgido una nueva forma de corrupción: enfermos que deciden estimular a médicos y enfermeras ofreciéndole dinero, ropa, alimentos, para tratar de garantizar una buena atención.

Carmen, 29, ama de casa, le regaló 10 dólares a un cirujano para que le suturara con hilo de primera calidad una herida en el brazo. "Anteriormente la sutura fue tan mala que la cicatríz se deformó. Hablé con un doctor para que me la reconstuyera. No sé si el hilo hubiera aparecido si no le hubiera ofrecido nada". Ismael, 36, pediatra, reconoce que se ha convertido en un gran negocio la escasez de medicinas. "En el hospital donde trabajo los robos son diarios. Todos, los especialistas y el personal administrativo y de limpieza, buscamos la manera de apropiarnos de los medicamentos que llegan gracias a donaciones para tenerlos en la casa, por si un familiar se enferma. Pero otros los sustraen para venderlos y hacer dinero".

Pedro, 68, médico jubilado, es de los que piensan que por muchas necesidades que los médicos puedan tener (y tienen) ese tráfico de favores con los pacientes es inaceptable y poco ético. "De nada nos vale tener miles de médicos, cuando no cumplen con el objetivo de salvar vidas humanas desinteresadamente". La entrega que requiere la profesión médica y propugna Pedro, resulta una idealización para muchos de sus colegas: la escasez y dificultades es una forma de hacer dinero. No se puede olvidar que un médico actualmente gana menos de 700 pesos al mes (35 dólares).

(Publicado en Cubafreepress el 18 de febrero de 1998)

VIVIR EN LA ESQUINA

Por Iván García
El sueño del Che de formar un hombre nuevo, ajeno a los vicios y lacras de la sociedad capitalista, es una utopía en la Cuba de hoy. La desesperanza y la frivolidad de la juventud cubana se palpa en cualquier esquina de La Habana, principalmente en zonas marginales como La Victoria, San Leopoldo, Párraga, Mantilla, Pogolotti y El Fanguito, pero es similar en antiguos barrios residenciales como Miramar, Vedado, Fontanar, Santos Suárez y la Víbora. Las formas de matar el tedio son diversas.
La más frecuente es una mesa para jugar dominó con una botella de ron por medio. Para otros, la esquina es el sitio propicio para fraguar robos, asaltos o cualquiea de las otras actividades violentas que abundan en la ciudad. Muchos se sientan para hablar de sueños irrealizados: moda, autos, deportes, mujeres, de cosas que no poseen. Una constante en la conversación es el dinero y, por supuesto, los "fulas" o dólares.
La cifra del total de jóvenes cubanos desempleados, que no estudian ni tienen objetivos en la vida, probablemente no se conozca. Mas es fácil darse cuenta que en cada barrio, uno de cada tres jóvenes ha hecho de la esquina su desahogo diario. Para ellos el futuro es una mala palabra. Viven el presente como zombies. Por eso el mayor porcentaje de alcoholismo, sida y suicidios ocurre entre la juventud. También son los mas propensos a cometer hechos delictivos. De sus filas proceden las jineteras y los pingueros.
Para buena parte de los jóvenes cubanos, el futuro es sinónimo de extranjero: viajar a otro país; casarse con un ciudadano de otra nacionalidad, trabajar para empresarios foráneos; relacionarse con turistas. Entre sus metas se encuentran amistades de "afuera"; ganarse el sorteo de visas para emigrar a los Estados Unidos, obtener una beca para estudiar en España, Italia, Alemania, o en última instancia, hacerse disidente para conseguir un "curriculum" que les permita abandonar legalmente la Isla, una de las últimas variantes descubiertas por mujéres y hombres menores de 30 años.
Salvo excepciones, tienen poca cultura política y no les interesa informarse de lo que pasa en el mundo. Sus símbolos son las marcas. Sus vidas están regidas por artículos Made in USA. Luchan por tener los benditos dólares, abridores de las puertas de sus deseos. Los muchachos de las esquinas suelen forman parte de ese 30 por ciento que no recibe remesas famliares y, por lo tanto, tienen que pugilatear el dólar. Ha dejado de ser noticia de que alguien en Cuba reciba una soberana paliza para ser despojado de una gorra, un reloj, un blue jean, unas gafas o un par de tenis.
El Swoosh, término onomatopéyico que define el símbolo gráfico de la Nike, es sinónimo de solvencia en Cuba. Pero andar vestido con marcas tan famosas puede ser peligroso a ciertas horas de la noche. A principios de 1998, la policía capturó una banda que en 10 de Octubre había cometido mas de setentaactos de violencia física contra personas, con el fin de quitarles dinero y objetos de valor. Jóvenes habituales a una esquina de ese municipio, al enterarse del la captura, comentaron que por cada banda desarticulada por fuerzas polciales operan cinco.
La Habana nocturna de boleros y cafés, descrita por Guillermo Cabrera Infante en sus libros hace tiempo dejó de existir. Porque el triunfo, alegan los esquineros, casi nunca le sonríe a quienes cumplen las leyes. Nadie realmente honesto y leál podrá mejorar su vida a no ser que herede una fortuna, y eso, al menos en Cuba, es imposible. Para ellos, el éxito va de la mano de la ilegalidad.
Una alta proporción de éstos jóvenes desesperanzados son negros o mestizos, provenientes de lugares donde se viven verdaderos infiernos chiquitos; carentes de afecto familiar; con padres, si existen, alcohólicos, drogadictos o presos. Su refugio es la esquina del barrio. Para la mayoría, la primera gran experiencia de la vida ha sido la cárcel y algunos llegan a considerarla su segunda casa. La promiscuidad y violencia en las prisiones los convierte en hombres ante de tiempo. Trasponen el ambiente presidiario a las calles. Casi todos los actos violentos, asesinatos, violaciones, son cometidos por jóvenes de la raza negra. Es una triste realidad para un país donde no se ha institucionalizado el racismo.
El sectór negro de la poblaciòn cubana actúal, es el que acumula más carencias materiales, morales y espirituales. En los mas de cien barrios insalubres que de la capital, el número de habitantes negros predomina. La vivienda mas deterioradas y en peores condiciones suelen ser ocupadas por familias de piel oscura. El porcentaje más alto de deserción escolar corresponde a alumnos negros o mestizos.
La mariguana, el alcohol, y la timba, música agresiva de agrupaciones como NG La Banda, La Charanga Habanera o Pablo FG y su Élite, constituyen su mayor distracción. Las letras de algunas canciones, vulgares y machistas, los incitan a violencia. En ocasiones actos vandálicos cometidos en la ciudad, han ocurrido después de bailables organizados por "timberos" como ya se les llama para diferenciarlos de los "salseros."
Con timba o sin ella, con buches de ron o de agua, con mariguana o cigarros populares, el universo de los esquineros es: tan estrecho como el de los jineteros, chulos, pingueros, jugadores y bisneros. Tienen un denominador común: la mayoría son jóvenes, negros y pobres nacidos con la revolución.

Foto: jon13210, Flickr
(Publicado el 25 de abril de 1998 en Cubafreepress)

Raúl Rivero, sin recuerdos olvidados

Por BELKIS CUZA MALÉ
A pesar de que ahora se dice que muy pocos leen poesía, los poetas siguen teniendo una parte importantísima en el alma de un pueblo, y en Cuba no hemos sido nunca ajenos a este fervor. La historia de la Isla está llena de poetas mártires, cuyas trágicas vidas han dejado una estela de sangre y fuego, en lo físico y lo espiritual. Si el gobierno colonial español fusiló a poetas de primer orden como Gabriel de la Concepción Valdés (Plácido) y Juan Clemente Zenea, y José Martí se inmoló en el campo de batalla, no es menos cierto que el siglo XX cubano ha dejado huellas en aquellos poetas que han incursionado en el hacer político, en el clamor frente a la injusticia y los atropellos a la libertad, especialmente durante estos casi cincuenta años de castrismo en Cuba, por lo que han tenido que pagar un alto precio.

En cualquier país del mundo fundar una agencia de prensa, escribir con cabeza propia y criticar al gobierno son actividades que no acarrearían consecuencias funestas para nadie, ni siquiera reprimendas, pero en la Cuba de Fidel Castro constituyen verdaderas heroicidades que terminan en la cárcel. El poeta Raúl Rivero puede hablar con conocimiento de causa porque once meses en las ergástulas castristas bastan para saber que la vida no vale nada, como diría la canción, para los que, según ellos, construyen ''una sociedad justa'', sin pan y sin palabras, como diría el propio Rivero.

Poeta, periodista, disidente, rebelde con causa, llámele como quiera, Raúl Rivero reside en España desde su liberación en noviembre de 2004. El autor de Papel de hombre (1968); Firmado en La Habana (1996); Puente de guitarra (2002); Sin pan y sin palabras (2003) y Recuerdos olvidados (2003) entre otros, no ha cesado de escribir: tiene una columna semanal en el periódico madrileño El Mundo y otra aquí en El Nuevo Herald. La historia de Rivero es la historia de cada cubano que siente la libertad de Cuba como la suya propia: un poeta y periodista que lo arriesgó todo al enfrentarse al régimen, al abrir su propia agencia de prensa en un país donde el periodismo vive amordazado.

La luna y el sol cubanos lo han visto madurar, crecer interiormente, afinar su poesia, bruñir su palabra. Madrid es ahora su hogar --la luna y el sol madrileños deben parecerle otros--, allí vive el poeta en compañía de Blanca Reyes, su esposa, y una de las fundadoras de las Damas de Blanco, esas valientes mujeres que cada domingo desfilan por la Quinta Avenida habanera con un gladiolo entre las manos, recordándole al mundo que las cárceles cubanas guardan todavía tras sus rejas a gran número de periodistas y activistas de los derechos humanos condenados durante la Primavera Negra.

Raúl no demoró en contestar mi cuestionario, a pesar de sus múltiples actividades, en medio de ese Madrid ahora en primavera.

Empecemos por el final: ¿qué estás escribiendo ahora? ¿Poesía?

Querida Belkis, siempre trato de escribir poesía. A veces sólo unos apuntes. Un verso del que se puede levantar, mañana, un poema. Y mañana no venía, como dice nuestro amigo el poeta. La verdad es que el periodismo impone una velocidad y consume mucho tiempo. También trabajo en un libro de memorias de la cárcel y en un cuaderno que se llamará algo así como Crónicas que no firmé.

¿Que significa para ti ser un poeta cubano en el
exilio?

Primero, me sentí liberado, deslumbrado y conmovido. Luego, ya llevo tres años en España, comencé a recibir mensajes nocturnos y a encontrarme en la casa papeles amargos y recados de mis fantasmas.
Tengo muchos amigos aquí. Me siento bien y en Madrid, en mi periódico, en el mundo del periodismo español, no me considero un extranjero. Aunque sé que lo soy. Lo que pasa es que quisiera tener todo eso en Cuba, cerca de gente que extraño y de lugares que tienen que ver con ese minuto borroso que suele ser la vida. Por lo menos, mi vida.

¿Intuiste este destino tuyo? ¿Pensaste alguna vez con anticipación en todo eso de la horrenda prisión en Cuba? ¿Sabías a lo que te exponías cuando abriste en La Habana la agencia de prensa CubaPress? ¿Qué te llevó a la franca disidencia, tras como muchos intelectuales, haber apoyado en principio a la Revolución?

No. Nunca pensé que tendría que salir del país. Cuando fundamos la agencia Cuba Press tuvimos siempre muy presente la posibilidad de la cárcel. Uno de los periodistas del grupo inicial, Juan Antonio (Ñico) Sánchez, que ahora está en el exilio, era el más buscado por la policía y el que más veces fue dormir a los calabozos. Eran estancias de días. No estaba vigente la Ley Mordaza. Se pensaba en condenas de tres o cuatro años.

Muchos años atrás fuiste corresponsal en la Unión Soviética. ¿Pudiste observar ya entonces la verdadera cara del
sistema?

Mi trabajo como corresponsal en Moscú fue muy revelador. He sabido que le pasó a muchos que trabajaron o estudiaron por allá. Yo vivía en lo que iba a ser el futuro de Cuba y me parecía plano, imperfecto y acosado por mentiras y trampas. Me faltó valor para denunciarlo y pedir asilo en aquel momento. Como me faltó después para muchas otras cosas. De todos modos, conocí a excelentes poetas, escritores y periodistas que estaban atrapados en aquella telaraña.

¿Desde cuándo escribes? ¿Tienes memoria? ¿Publicaste algun libro entonces?

Comencé a escribir poemas de amor cuando era muy joven. En Morón, mi pueblo natal. Con un éxito relativo y limitado al entusiasmo de mis primas, al recelo de mis padres y a la burla de algunos amigos. Organicé dos o tres cuadernos desastrosos, pero no publiqué ninguno. Las muchachas a las que escribí esos poemas se casaron con otros y son felices. Algunas me han confesado que parte de esa felicidad tiene relación con haber pasado por alto aquellos versos de río y estío, de mar y amar y de desazón y corazón.

¿Qué significó para ti nacer en Morón (¿en qué año?) y querer ser poeta? ¿Cómo transcurrieron esos primeros años? ¿Qué estudios realizaste y dónde? ¿Cuándo te mudaste para La Habana?

Nací en noviembre de 1945. Estudié la primaria y parte del bachillerato en mi pueblo. Me fui para La Habana en 1963 y estudié periodismo en el curso de 1964 al 69. Recuerdo con mucho cariño los últimos años que viví en mi pueblo. Hasta el año 60. Eramos adolescentes y estábamos ajenos a lo que vendría. Enseguida todo se emponzoñó y cada uno se fue por sus caminos y veredas. Yo me puse de parte del caos y la mayoría de mis amigos y amigas en contra. Es una etapa que recuerdo mucho, pero ya aquellas personas son otras y también yo.

De todos tus libros, ¿cuál es tu preferido?

Me gusta un pequeño cuaderno que escribí en La Habana, cuando ya era libre por cuenta propia. Se llama Recuerdos olvidados. Lo publicó Hiperión en España y Gallimard en París.

¿Ves al periodismo como un medio de ganarte la vida, o realmente amas esa profesión tanto como la poesía?

Yo creo en el periodismo sin adjetivos. Es el que se hace en Cuba fuera del control del Estado. Le pusieron independiente porque los medios dependen de los laboratorios del Partido Comunista. Es el que se hace en democracia con honestidad. Es el que debe de hacerse en nuestro país en el futuro. Creo en el periodismo y reconozco su poder ante las dictaduras, los terroristas y los corruptos. Cuando escribo crónicas casi siento lo mismo que cuando trato de hacer un buen poema.

Has recibido varios premios, especialmente ese Ortega y Gasset que ha sido noticia de nuevo entre los cubanos, por habérsele otorgado hace unos dias a Yoani Sánchez por su blog Generación Y. ¿Qué significó para ti ese premio?

El Ortega y Gasset fue muy importante para mí. Me dio confianza en el trabajo que hago todas las semanas. El hecho de que se le entregue ahora a Yoani Sánchez demuestra la fuerza de los blogs, dentro y fuera de Cuba. Su periodismo tranquilo, esa mirada fresca sobre la realidad del país. También puede verse como el desarrollo tecnológico que arrasa y anula los candados de la dictadura.

¿Podrás describirme un día en tu celda en Cuba?

Los días que más recuerdo de la prisión son los de la celda de castigo. Un día normal comenzaba a las cinco de la mañana con agua de azúcar o con un brebaje que se llama cerelac. Así comienzan los días, este día de hoy, mis amigos que siguen en las cárceles. Lo peor es que duran como 40 horas.

¿Cómo transcurre ahora un día en la vida de Raúl Rivero?

Trato de alcanzar pequeñas parcelas de felicidad. A veces, lo consigo. Otras no. La vida de mis tres hijas y de mi nieta Maya me hacen razonablemente dichoso.

(Publicado en El Nuevo Herald el 27 de abril de 2008)

Relacionados

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Cuba, la tierra caliente que me vió nacer mientras llovía. Infierno de millones. Paraíso en lejanía. Vuelan y nadan sus hijos mudos, que un día de repente, comienzan a hablar...