No podremos analizar objetivamente las etapas de gobierno del general Batista y la situación revolucionaria y de oposición que le sigue, especialmente a partir de 1952, si no profundizamos en los antecedentes y consecuentes más inmediatos de aquellos hechos que tuvieron lugar en la primera mitad del siglo XX, en la historia de la llamada, fraternalmente por los naturales de Islas Canarias, "la Perla del Caribe": Cuba.
Nos referimos, principalmente, a los acontecimientos socio-políticos relevantes que tienen lugar desde la segunda mitad del año 1933, que la historiografía, cubana sobre todo, denomina segunda etapa revolucionaria, considerada que la primera fue la guerra de liberación colonial contra España, y así aceptada como hito histórico. Situación surgida tras fuertes conflictos sociales que acompañan a la tempestuosa caída del general Gerardo Machado que había llevado la riendas de Cuba desde e1 año 1923 hasta el citado año de fuerte convulsión frente a los círculos obreros y estudiantiles.
Este militar cubano con procedimientos y total forma de actuación dictatorial similar a las imperantes en la Europa del momento: Primo de Rivera en España, Mussolini en Italia, la Alemania hitleriana, o de signo antagónico, la Rusia de Stalin, fue fiel seguidor de muchas de aquellas doctrinas, adoptando los mismos métodos de actuación, hasta el punto que a Gerardo (Machado) se le denominaba, en círculos periodísticos cubanos, "el Mussolini tropical"
Se ha considerado que el año 1931 fue, en realidad, el año clave de la lucha de gran parte del pueblo cubano contra Machado. Lo que sí es cierto es que, en ese mismo año, se produjo una especie de confluencia general contra el régimen, ya considerado dictatorial, a pesar de haberse originado en las urnas. Muchos cubanos pasaron rápidamente de la esperanza al asombro y del temor a la acción revolucionaria. Algunos intentos fracasaron, pero, en pocos meses, una espiral de violencia sacudió toda la isla, situación que los poderes ejecutivos próximos al ya llamado dictador lograron abortar de forma contundente.
El general Gerardo Machado y Morales, con ciertos ascendientes genealógicos en las Islas Canarias, España, concretamente de la isla de La Palma según investigaciones contrastadas, había ganado las elecciones presidenciales en 1924, en sana lid como candidato liberal y a su vez gerente de la sucursal habanera de la Compañía norteamericana General Electric Company. Se constata que gobernó, al principio de su mandato, con normalidad no exenta de condescendencia para una parte de la gran masa de cubanos menos favorecidos económicamente, pero a la sombra de los intereses norteamericanos en la isla. Sin embargo, la corrupción aumentó posteriormente, especialmente a partir del segundo año de gobierno a niveles nunca visto en Cuba hasta aquel momento, favorecida por el complicado presupuesto hacendístico que ocasionaba el amplio y costosísimo plan de construcciones regulado por la, creada a su iniciativa, Ley de Obras Públicas de marzo de 1925.
Con esta actuación pretendía crear una imagen personal de presidente constructor, y realmente dio trabajo a muchos cubanos y extranjeros que afluían por miles a la isla considerada paraíso de América, entre ellos muchos canarios, allí llamados cariñosamente "isleños" y que, como consecuencia, remitían puntuales remesas dinerarias a sus familiares en el archipiélago.
Durante esta etapa de su mandato en la Ciudad de La Habana se crearía la mayor parte de lo que llamaríamos construcciones clásicas, que dotaron a la bella ciudad caribeña de casi su actual fisonomía por razones obvias. De esta época es el Capitolio Nacional, una copia poco agraciada del de Washington, gran parte de la Universidad habanera y muchos de los hoteles como el Sevilla, Presidente, Nacional, entre otras edificaciones realmente encomiables.
Con el objetivo de mantenerse en el poder, Machado reformó la Constitución en 1928 para así prorrogar institucionalmente su mandato hasta 1935, encrespando los ánimos de la oposición y de la propia sociedad cubana que terminó por "echarse a la calle". Las huelgas y manifestaciones se multiplicaron a pesar de la consigna dada por Machado a sus fuerzas de orden público, la temibles "brigadas de la Porra", de no tolerar una huelga que durara "más de cinco minutos". Por ello para contrarrestar el poder de la oposición y de las protestas callejeras mandó crear otros servicios de información añadidos, de carácter y actuación secreto, que dio lugar a la violenta policía política como elemento necesario e imprescindible en todo proceso dictatorial. Los estudiantes y obreros con bastante organización actuaron de forma radical y metodología casi terrorista, librando duras batallas contra la policía y el ejército obedientes a Machado.
Por todo ello, para cualquier analista histórico, no es de extrañar la actitud de las principales fuerzas vivas de la isla antillana ante tal situación, aun reconociendo lo fácil que resultaba, por aquellas fechas, sofocar, desde los poderes institucionales, cualquier revuelta antigubernamental.
El líder comunista (Julio) Antonio Mella, fundador de la revista ALMA MATER , órgano universitario propagandístico de enorme difusión entre los estudiantes cubanos, fue asesinado en su exilio mejicano, al igual que otro estudiante afín a sus principios, el joven Rafael Trejo.
Estos acontecimientos, junto a otros crímenes de la ya nominada dictadura, no hicieron más que pervertir la normal vida de los ciudadanos aún más, en un ambiente ya degradado por la miseria y el paro de los cubanos más desgraciados, por lo que no es de extrañar la paralización completa de la vida socio-económica del país como consecuencia de la huelga de marzo de 1933 convocada por el poeta (Rubén) Martínez Villena, quien, precisamente, apodaba a Machado en sus escritos como "el asno con garras". A esto se suman las acciones de los comités de refugiados en Miami, que conspiraban hábilmente contra el régimen, incluso con el auxilio de miembros del propio ejército cubano, menospreciados o expulsados a instancias del "machadato" y que se integraban en la oposición.
Si bien es cierto que la crisis mundial de 1929 no favoreció precisamente los planes de Machado, que sin el apoyo de los créditos extranjeros, principalmente norteamericanos los más afectados por la crisis, la bancarrota y el caos social se apoderó de Cuba. A principios de 1933 la dictadura de Machado cometió el grave error de detener al venerable y popular profesor José Varona. Ante esto, unido al éxito de las presiones que la oposición residente en Miami lograba ante mandatarios de los Estados Unidos, terminaron logrando que los poderes norteamericanos en la isla informaran a Washington que el régimen cubano vigente con su errónea actuación había llegado a su fin. Con tal propósito enviaron a un ministro plenipotenciario a La Habana, Sumner Welles, para pedir a Machado que dimitiera y así poder encauzar los acontecimientos al modo norteamericano y en defensa de sus muchos intereses en la isla, como ya había ocurrido en otros momentos de la historia cubana, especialmente durante la llamada "crisis de 1921".
Esta repetida intromisión de "agentes yanquis" en la vida política de Cuba, amparada en el contenido de la enmienda Platt, vigente en aquellos momentos, solivianta aún más a los sectores en la oposición quienes logran convocar una huelga para el 5 de agosto de 1933, la que se lleva a cabo bajo una fuerte actuación popular, contra las fuerzas del Gobierno que comete una de su más terribles matanzas, a través de la actuación de los citados servicios policiales y de información.
Presionado por el ejército y por el propio Welles, en una decisión considerada errónea para los intereses de los Estados Unidos, a la vista de los acontecimientos inmediatos, Machado huye y se refugia en las Bahamas, por lo que toma las riendas del gobierno cubano, a indicación de la mediación norteamericana, un mediocre político, Carlos Manuel de Céspedes, nefasto político a pesar de sus ascendientes gloriosos para Cuba en su guerra contra España, moderado liberal, quien apenas figuró un mes en la presidencia. En consecuencia obligó al ejército, arengado por un personaje que pronto sería un gran líder para Cuba, el sargento taquígrafo Fulgencio Batista Zaldivar, a intervenir con el golpe de Estado, el día 3 de septiembre de dicho año, creando consecuencias trascendentales en la historia de la isla.
¿Pero cómo se desencadenaron los hechos, visto desde la óptica de la opinión y de la prensa canaria que se leía?
La tradicional política oposicionista y las nuevas ideas revolucionarias coincidieron en un objetivo común: derrocar a Machado a pesar de la evidente heterogeneidad de las fuerzas opositoras. Como recoge el profesor de la Universidad de La Laguna Manuel de Paz Sánchez, en el capítulo núm. 34 de la publicación de Prensa "Canarias en América, América en Canarias", Edición de la que es autor el mismo, aparecida en el periódico EL DIA, Santa Cruz de Tenerife, que nos dice: "podría hablarse de al menos tres sectores claramente antigubernamentales:
1.-Los líderes políticos tradicionales García Menocal, Mendieta, Miguel Mariano Gómez entre otros, que, tras varios fracasos en el interior, se unieron en las juntas revolucionarias de Miami y Nueva York, para pedir, como ocurría siempre en circunstancias similares, la "mediación" a través de la intervención conciliadora de los Estados Unidos.
2.-El movimiento progresista, con sus diversas variantes, desde los grupos de Guiteras hasta los del Partido Comunista, influenciado por la entonces poderosa URSS y su aparato de propaganda que también llegaba a Cuba, e incluyendo a los estudiantes del DEU, sectores intelectuales, etc., opuestos por principio al imperialismo norteamericano, bajo todas sus formas, y
3.-El Partido ABC, aparentemente conservador, y de otros segmentos de la oposición, favorables a un cambio de rumbo del sistema, partidarios incluso de la acción violenta, pero concientes de los peligros de una nueva intervención armada norteamericana.
Paralelamente, se consolidó en la comarca fronteriza de las Villas y Camagüey la ya tradicional oposición de los obreros y jornaleros del campo cubano, liderada en esta ocasión por el líder revolucionario canario Blas Hernández.
En este contexto analizamos la importancia, que en relación a la revolución que tendría lugar en Cuba en el año 1933, tuvo este personaje "isleño", como caudillo defensor del campesinado rural y protagonista, en este ambiente, de una dura resistencia contra Machado, que a la postre le dejó embebido por la vorágine revolucionaria de noviembre que se extendió a casi toda la isla, principalmente en La Habana. Blas Hernández no fue un bandolero en el sentido que tal acepción tenía en los campos de Cuba, sino un típico caudillo rural que llegó a ser famoso como lo había sido Sandino en Nicaragua. Se le identificó con la imagen típica del "guajiro" o campesino cubano y así lo definió el periodista Enrique Lumen, aunque con evidenteantipatía hacia nuestro personaje cuando lo califica de "un guajiro" al modo de un guerrillero colonial, que había hecho la guerra a Machado en las regiones rurales, seguido de unos cuantos campesinos idealistas. Blas Hernández permaneció varios años alzado en armas. Era un fantasmón que gozaba con sentirse perseguido por las tropas gubernamentales. En su alma vivía en bandolero sentimental. Le encantaba el paisaje mambí, como buen campesino y le extasiaba el peligro – teoría ésta que comparte el Dr. De Paz para definir al bandolero rural-. Por lo demás, añade Enrique Lumen, no tenía la más vaga idea de la época. Para él las reformas sociales eran sombras. Vivir en "una rebeldía de poético paisaje verde y azul", era todo.
Este personaje fue, sin embargo, prototipo de la oposición típicamente tradicional campesina contra el régimen dictatorial de Gerardo Machado y Morales, por lo que a la definición de Lumen se contradice, entre otros, la del planteamiento del historiador José Ibarra, quien responsabilizó al caciquismo rural de adormecer las pasadas rebeldías de los guajiros cubanos. Sucedió que, paulatinamente, esta protesta tradicional fue sustituida por el creciente movimiento obrero, más institucionalizado en la acción sindical en los bateyes o en los centrales azucareros. La movilidad social fue canalizada a través de los sindicatos, pero que al continuar al injusticia caciquil en los campos, sobre todo en las comarcas centro-orientales, persistieron las típicas protestas rurales coincidentes con el proceso de oposición general contra Machado. Según recoge el citador historiador y que corroboran artículos periodísticos editados en Tenerife, rotativa de LA PRENSA , poco antes, en marzo de aquel año, el jefe rebelde "isleño" citado, Blas Hernández, hacía llegar una carta al representante del gobierno de Machado, donde ponía de relieve no sólo su afán de continuar la resistencia contra el régimen sino que amenazaba con " estar dispuestos a continuar en la misma actitud mientras no haya un cambio radical, y por ningún motivo abandonaremos el territorio nacional, pues estamos poseídos de un derecho por dos razones: una, por ser éste un gobierno ilegal, y otra, por que somos cubanos, unos por nacimiento y otros por naturalización. Además, somos dignos, honrados y estamos alzados en armas para reconquistar una patria libre e independiente, según quisieron hacer nuestros antecesores".
En mayo de ese mismo año, a escasas fechas de la caída definitiva de Machado, un corresponsal norteamericano informó que había unos 600 hombres en armas en diversas comarcas de Santa Clara, y que más de 1000 personas estaban cooperando con los insurrectos entre Santa Clara y Camagüey. Los insumisos, en efecto, no sólo contaron con el apoyo efectivo de los campesinos, que en mayoría integraban esta nueva fuerza considerada "mambisa" al modo colonial, si no que contaban asimismo con algunos lugares para refugiarse y con la imprescindible ayuda de los habitantes de los aislados predios rurales de la región. Caía Machado y caía este epónimo héroe "isleño", en el habanero Castillo de Atarés en circunstancias poco claras, bajo las balas de soldados institucionales dependientes del Gobierno cubano de turno, pero "con las botas puestas", emulando el estilo de otros tantos preclaros prohombres, idealistas que siempre lucharon contra la injusticia social.
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